La Historia

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Érase la noche de un 28 de Junio 1986 por ahí de las 3:00 AM, jugábamos billar varios cuates de la prepa. Había sido un súper mundial. Ya habíamos ido a mas de 15 partidos de la copa: partidazos como el 2-0 que Platini y su Francia le propinaron a Italia; o el mejor partido de ese mundial (pero por mucho) que fue la tragedia cuando Brasil perdió con los Franceses; o el ya clásico Argentina-Inglaterra, del cual casi todos solo recuerdan la mano de Dios, pero no recuerdan el mejor gol que me a tocado ver en mi vida, también anotado por Dios; o las victorias de los Aztecas en el Azteca, con aquel golazo para la historia de Negrete y después todos al ángel de la Independencia a seguirla hasta que el gallo cantara. Pero había un gran problema, más bien, teníamos un pedotote, no había ni boletos, ni dinero para la final. Y cuando el Yucateco pregunto— ¿donde vamos a ver la final? —y todos se vieron con cara de inocentes y perdidos, no tuve otra alternativa mas que responder— No se ustedes, pero yo lo voy a verlo en el Azteca, ¿quien se apunta? —.

Al otro día, o mas bien unas horas después, nos lanzamos al estadio 4 amigos. Llegamos al Azteca por ahí de las 9:00 AM con un total de $50 dólares. Me puse a tratar de comprar un boleto hasta que salió uno que estaba localizado donde actualmente están las pantallas gigantes del Azteca, o sea, como a 1 kilómetro del campo. Rápidamente me lance sobre los aficionados teutones que andaban desesperados por entrar a ver al equipo del gran Káiser Beckenbauer y sus estrellas Lothar Matthaus, el jefe Rummenigge, y el portero matafranceses Schumacher. En menos de 5 minutos un aficionado teutón pago la módica suma de $500 dólares para entrar a la final. –Poco dinero por ver a la gran Alemania — recuerdo que me dijo. Para las 12:00 del medio día, y después de muchas transacciones similares, ya estábamos felizmente tomando unas chelas en la mejor sección del estadio, justo al medio campo. Acabando el partido sabíamos que habíamos visto algo especial. No solo era una final de copa del mundo pero había sido un partidazo con marcador final 3-2, donde Maradona confirmó, sin lugar a dudas, ser el mejor jugador del mundo. En el éxtasis después del partido, los 4 amigos hicieron un pacto de honor: “¡Vamos a ir a todos los Mundiales!”